Después de un año mil
atareado y lleno de novedosas oportunidades, quería dejar todo atrás. Amo a mi
familia y son todo para mí, pero hasta de ellos quería estar lejos un rato.
Luego de perder a unas cuantas amistades realmente importante a lo largo de
estos meses, solo quería enfocarme en mí. En aprovechar mi vida, no quería que
mi futuro se construyera sin vivir lo suficiente como para tener recuerdos
espectaculares a los que recurrir a la hora de un descanso por el estrés de la
universidad, del trabajo, de la vida.
Siempre he pensado que las
personas podemos conseguir todo lo que deseamos, si nos proponemos y trabajamos
en ello. Pero quedarse allí en el camino y encasillarse en una misma vía, no
era mi estilo. Y estar tan empaquetada y haciendo lo moralmente correcto
apestaba. Necesitaba aire, gritar y saltar todo que quisiera sin sentir
vergüenza ni mirar la aprobación de los demás.
Cuando era pequeña siempre
desee crecer rápido, quiera vivir la vida que deseara sin importar nada. Pero
ahora soy mayor, añoro los años en los que iba al colegio y no tenía más
responsabilidad que estudiar y pelar con mis amigas sobre algún acontecimiento
que generalmente ocurrió con algún chico. Pero hoy todo es distinto, trabajar
para pagarme la universidad es agotador, estudiar para mis pruebas y ser una
buena persona tiempo completo es agotador.
Sí que tome una decisión,
si fue algo egoísta pero me importaba un rábano.
Me iría lejos, a vivir mi
vida como yo quiera, deseaba conocer, viajar y experimentar todo lo que no pude
por la responsabilidad que tenía, pero ahora estaba de vacaciones y tenía dos
meses para cumplir mi meta.
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